El amor caduca
Aprovechar mientras os quiera…

Dos ancianos, hablando sobre el envejecimiento, y uno le dice al otro:
-La peor parte se la llevan nuestras mujeres, y además ellas se niegan a admitir que envejecen y tratan siempre de esconder sus achaques.
-Tienes mucha razón, pero he encontrado un buen truco para hacerles ver sus discapacidades a través de un sencillo juego: Así, si quieres saber si tu mujer empieza a quedarse sorda, colócate a 10 metros de ella y hazle una pregunta. Después, cuando veas que no te responde, acércate a 5 metros. Después a 2 metros , y después a 1 metro. Entonces, no le quedará mas remedio que darse cuenta que está sorda.
El anciano encuentra que la idea es muy buena y cuando vuelve a casa se
coloca a 10 metros de su mujer y le pregunta con voz fuerte:
-Cariño, ¿que hay de cena?
No recibe respuesta. Entonces se acerca a 5 metros y le pregunta de nuevo:
-Cariño, ¿que hay de cena?
Sigue sin tener respuesta, por lo que se acerca a 2 metros y le pregunta:
-Cariño, ¿que hay de cena?
No recibe respuesta. El tipo totalmente asombrado, se aproxima a 1 metro y grita:
-Cariño, ¿que hay de cena?
Su mujer se gira y le dice, con cara de cabreo:
- TE LO DIGO POR CUARTA VEZ, SORDO DE MIERDA:
¡¡¡POLLO CON PATATAS FRITAS!!!
Jorge, con sus 80 años, va a hacerse el chequeo anual.
Todos los análisis tienen resultados normales, por lo que el Dr.
García le dice:
- Bueno Jorge: todo indica que está usted muy bien desde el punto de
vista físico. Pero, ¿cómo se siente mental y emocionalmente? ¿Disfruta
usted de paz interior? ¿Mantiene una buena relación con Dios?
Jorge responde:
- Dios y yo estamos muy ligados. Fíjese doctor: como Él sabe que soy
muy corto de vista, cuando voy al baño por la noche, Él me enciende la
luz y, cuando termino, me la apaga.- ¡Que bárbaro! -dice el médico-. ¡Parece increíble!
Un par de horas más tarde, el Dr. García decide llamar por teléfono a
la hija de Jorge, amiga suya:
- Hola, Susana -la saluda-. Tu padre está muy bien. Físicamente un
diez. Pero te llamo porque tengo ciertos temores en cuanto a su
relación con Dios. ¿Es cierto que cuando se levanta por la noche, se enciende sola la luz del cuarto de baño y, cuando termina, la luz se
apaga?-¡Madre mía! -dice Susana-. ¡Ya está otra vez meando en la nevera!